Enfermiza realidad
Desde la redacción05/08/2008
Imagínese que va al hospital con una enfermedad grave. Esperaría que ahí le ayuden para sentirse mejor, ¿cierto?
Ahora suponga que, al salir, recibe lo contrario, pues las autoridades migratorias lo arrestan porque un trabajador del hospital lo denunció.
Eso le pasó en Georgia a Régulo Sánchez, un mexicano indocumentado que ahora enfrenta una lucha por recuperarse y por no ser expulsado de este país.
De acuerdo con las autoridades, un empleado del hospital lo reportó porque Sánchez ya había ido en varias ocasiones utilizando nombres distintos.
Pero hay un par de cuestiones que deben llamar más la atención en esta historia: la ética de quienes trabajan en el hospital y las consecuencias de esto en medio de la paranoia antiinmigrante del estado.
Se entiende la preocupación de cualquiera que tenga un cliente con muchas identidades, pues hay criminales que emplean alias para encubrir sus actos.
Si Sánchez decidió usar varios nombres, por cualquier motivo que sea, fue una terrible idea. La denuncia no sería sorpresa, pero ¿por qué llamar a las autoridades migratorias?
Preocupa que a los trabajadores de una instancia de salud les interese más verificar el estatus migratorio de sus pacientes que atenderlos. Si ese sujeto llamó por xenofobia –miedo a los extranjeros– o por racismo, entonces las cosas cambian.
Hasta ahora no se ha comprobado si el mexicano usó nombres falsos. Si así lo fuera, ¿lo habría hecho tras cometer algún delito, por tener documentos falsos con varios nombres o simplemente por miedo a ser deportado?
La respuesta real a esa pregunta solo Sánchez la sabe; y las autoridades deberán aclarar el asunto. Pero los hospitales, por su parte, deben hacerse responsables por vigilar el bienestar de sus pacientes, mas allá de cualquier cosa.
Muchos médicos, al graduarse, recitan el famoso Juramento de Hipócrates, cuyas palabras comprometen al doctor con su ética. A través de él, ellos se comprometen a evitar todo mal e injusticia y a reservarse cualquier información sobre sus pacientes.
Este juramento es más que palabrería. En él se inspiran los valores de la Medicina. Si los hospitales no lo llegaran a respetar, ¿en quién confiará el enfermo?
Independientemente del fallo, la historia de Régulo Sánchez trae a reflexión la importancia de que los hospitales respeten la confidencialidad de sus pacientes y se enfoquen más en dar un trato humano y compasivo mas allá de cualquier cuestión económica, política y social.
Pero este caso es también una alerta roja sobre la urgencia de una reforma migratoria justa que vele por la salud de los inmigrantes.
Sánchez sigue en estado delicado, custodiado por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en un paradero desconocido. Su esposa dijo que él le llamó para pedirle que haga lo posible para llevarlo de vuelta a México, pues teme morir en las condiciones en las que está.
¿Cuántos casos más se necesitarán para que el Gobierno se dé cuenta de que hay algo enfermizo en su modo de proceder con los inmigrantes indocumentados?
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